Reflexiones de un profesor.


Todo un año.

Ya hace un año que propuse a Jesús Asensio, artífice de Arajudo la posibilidad de “colgar” mis reflexiones en su página y puntualmente cada quince días yo he pasado mi escrito y Jesús lo ha puesto en su página.

Algunos artículos los tenía esbozados pues me gusta escribir y tengo o tenía un proyecto de libro entre manos por supuesto de Judo pero otros artículos han ido surgiendo en el día a día dependiendo de distintas situaciones que se han ido planteando.

Tengo dos libros publicados, pero no me cabe la menor duda de que ha leído mucha más gente mis reflexiones este año por internet que cualquiera de mis libros y mucho más de esta manera que si hubiera realizado una nueva publicación.

Es evidente que todos los practicantes de Judo en España entran en Arajudo con cierta frecuencia. Es la manera más fácil de estar informado y a la última, porque Jesús “lo pone todo”. Así que cada vez que un judoka se conecta, es un potencial lector.

En todo este año, cuando me he movido en competiciones me he encontrado con amigos, conocidos, y prácticamente todos habéis comentado sobre las reflexiones, apoyado y animado a seguir. Algunos me habéis dicho en ocasiones no estar de acuerdo con algunas de mis opiniones, lo que respeto y entiendo, pero muchos de alguna manera os habéis sentido identificados muchas veces, y a todos os ha hecho pensar y reflexionar en unos temas que nos atañen y que vivimos cada día.

Mis reflexiones las escribo yo pero no son mías, son de todos y cada uno podía escribirlas y hacer su reflexión y para que veáis que en la elaboración de mis reflexiones participa mucha gente quiero comentaros desde aquí la dinámica que sigo antes de mandárselas a Jesús.

Se plantea una situación o una conversación que motiva la reflexión. Hago un primer borrador con las primeras ideas y sensaciones, lo imprimo y lo llevo encima. Lo leo en ocasiones y lo doy a leer a mis amigos y alumnos más cercanos y espero su reacción, escucho con atención su comentario de donde saco ideas para ampliar, corregir y poco a poco ir definiendo la reflexión. Cuando me encuentro con cualquiera de vosotros, si encaja saco el tema motivo de la reflexión, escucho vuestro parecer y tomo nota. Cuando pasados unos días y la doy por terminada, si no estoy muy convencido de que pueda interesar o que a lo mejor pueda molestar, se la envío por mail a mi amigo Raúl Merino de Torrelavega y espero su veredicto.

Si el veredicto es favorable, con las correcciones pertinentes vuelvo a imprimirlas y prácticamente ya terminadas las sigo llevando encima para poder comentarlas con mi gente y corregir hasta el final.

Una vez publicadas, el que hace una crítica más exhaustiva es mi socio y amigo Jesús Sánchez, a quien no se las doy leer antes pues es tan suspicaz analizando que tendría que modificar en ocasiones todo el texto.

Como muestra de que en Arajudo entran judokas de todo el mundo es el mail que me mandó las pasadas Navidades desde un hospital de Rochester (EEUU), donde trabaja como médico, Ignacio Sanz Paz a través de Arajudo simplemente para decirme que seguía las reflexiones por internet y que le gustaban, cosa que me hizo mucha ilusión.

Ignacio Sanz Paz, para información de los más jóvenes fue en la década de los 70 el judoka español, que a mi modo de ver, mejor Judo hacía. Cántabro de nacimiento, tuvo la fortuna de caer en manos del maestro Lee recién llegado a España. En el campeonato del mundo en 1979 celebrado en París marcó los mejores ippones de uchi mata del campeonato y plantó cara al mítico Fujii perdiendo con él en suelo.

Y otra prueba es ver como en diferentes páginas de clubes de la América de habla hispana “toman” las reflexiones y las cuelgan, si les resultan interesantes.

Conmemorando este primer año, quiero agradeceros a todos los que dedicáis un tiempo a leerlas y me animáis a escribir. Quizá no esté en mi mejor momento para practicar Judo, pero si que me encuentro motivado para pensar, escribir y reflexionar sobre distintos aspectos de Judo.

Reitero mi agradecimiento a los que las leéis, a Jesús Asensio que me hace un hueco en su página, a los que sabiéndolo o sin saberlo me ayudáis a escribirlas.

A continuación expongo el índice de todas las publicadas

Gracias a todos…

2008

1.- ¿Por qué el Judo? 1 de julio
2.- Una llamada de teléfono… 15 de julio
3.- El judoka en vacaciones 1 de agosto
4.- Sobre el entrenamiento, la competición, y la forma de ganar. 15 de agosto
5.- ¿Cuál es el sentido del Judo? 1 de sept
6.- Acerca de los Juegos Olímpicos Fuera de…
7.- ¿Qué enseña el Judo? 15 de sept
8.- Como educa el Judo 1 de octubre
9.- Características que debe reunir el profesor de Judo 15 de octubre
10.- Acerca del entrenador en la silla 1 de nov
11.- “Si siempre hacemos lo mismo…” 15 de nov
12.- Diego y el Judo 1 de dic.
13.- Empezar bien 15 de dic

2009

14.- Jesús Sánchez ya es 7º dan…, “como Kawaishi” 1 de enero
15.- Reflexión de cuando en muchos casos un judoka abandona la práctica del judo. 15 de enero
16.- “Tampoco está tan mal”. 30 de enero
17.- Entrenarse bien, entrenarse más. 1 de febrero
18.- La importancia del nuevo. 15 de febrero
19.- La exigencia del entrenador. 1 de marzo
20.- ¿Y que lo deje ahora? 15 de marzo
21.- Menos mal que son los menos 1 de abril
22.- El Judo en el colegio y en el club 15 de abril
23.- El paso de Grado. 1 de mayo
24.- Las lesiones en las clases de Judo 15 de mayo
25.- "Los otros campeones". 1 de junio
26.- ¡Quiero ser olímpico! 15 de junio


01-07-09


¡Quiero ser olímpico!

Por: José Ángel Guedea Adiego.

Este es el titular con que un deportista medallista en un campeonato de España cadete inicia una entrevista de la que es objeto.
Todos tenemos derecho a aspirar a lo más alto y si el hombre no tuviera aspiraciones y capacidad para evolucionar aún estaríamos viviendo en cavernas.

“La ignorancia es muy atrevida”, es una frase que decía mi madre cuando ante un examen en el colegio o en la universidad veía la prepotencia, tranquilidad o falta de responsabilidad, con que en ocasiones lo afrontábamos sus hijos y aquí pienso que de alguna manera se puede aplicar.

Es muy bonito, genial y nada fácil resultar campeón de España incluso en categorías siempre abiertas como son infantil y cadete, más complicado resulta meterse en junior, en sub 23 y obtener una medalla en senior son palabras mayores.

Un profesor imparte clases, se hace con un grupo de entrenamiento, consigue motivarlo, lo entrena y si es constante, tiene acierto y también algo de suerte comienza a obtener sus primeros resultados nacionales que primero se suelen dar en infantil y en cadete (al ser categorías más abiertas), y si es capaz de crecer y madurar a la vez que sus alumnos consigue incorporar sus judokas a los podium junior y metidos en esa dinámica incluso en el senior con todas las dificultades que conlleva.

Durante todo este tiempo el judoka desde infantil entra en el engranaje federativo y en manos de la federación española comienza a realizar concentraciones y alguna salida internacional. En estas salidas empieza a sentir ya la dificultad de ganar combates en este entorno internacional y la dificultad de obtener una medalla ante judokas de otros países.

Porque el judoka se sigue entrenando en su club, dirigido por su entrenador, con sus compañeros de siempre que son los que le han ayudado a ser medallista nacional y con alguna frecuencia es concentrado y se entrena con los mejores en un entorno nacional y a veces internacional.

Y sigue subiendo de categoría y estas concentraciones y salidas le van dando seguridad, se ve superior a los que no las realizan, aprende lo que tiene que hacer para ganar y ganar en un entorno nacional con todas las dificultades que implica, comienza a no resultarle muy complicado. El judoka llega a junior y a sub 23 y resulta campeón de España, sale a torneos internacionales donde ya no encuentra niños de otros países con más o menos madurez, encuentra “hombres jóvenes” con una madurez de Judo mucho mayor, mucho más bregados en la competición “con mucha más hambre” de Judo con mucha más ambición de resultados y sabiendo perfectamente lo que tienen que hacer para ganar sus combates.

Pero la evolución natural es que este judoka que comenzó obteniendo una medalla infantil o cadete, que pasó enganchado en las categorías junior y sub 23, aprovechando sus concentraciones sus salidas, consiguiendo sus medallas, incluso internacionales, haya subido y tenga un nivel suficiente para meterse en el senior.

El entrenador se suma al aprendizaje de su alumno, se ve obligado a analizar las distintas situaciones, evoluciona y aprende con él. “El buen competidor hace al buen entrenador” pero de alguna manera se le “ha complicado” la vida.
Su judoka necesita “comer más”. Necesita más cantidad y más calidad en el entrenamiento. Sus compañeros de club “los otros campeones”, no han evolucionado al mismo nivel, no tienen en muchos casos el mismo nivel de implicación, y aunque progresan con él y el grupo se consolida y se hace más fuerte, su judoka necesita más y más…

Y consigue ser campeón de España senior… ¿y ahora qué? ¡Quiero ser olímpico!
En este nivel más consciente y maduro es normal y perfectamente respetable que el judoka que ya ha visto todas las dificultades que entraña el Judo de competición, “que ya sabe lo que hay en el mercao” tome la determinación y decida que quiere participar en unos Juegos que se lo comunique a su entrenador, o que lo decidan juntos, aceptando el entrenador el reto y como se le complica la vida.

Porque en la década de los 90, cada país tenía derecho a llevar un equipo a los Juegos y cada país ponía sus mínimos y sus normas para participar y dependiendo de esas normas y de su economía resultaba posible acceder a participar.
Desde hace una década la participación en los Juegos es por continentes y hay que clasificarse en los torneos preparados al efecto y es por eso que resulta mucho más complicado. Mucho más complicado porque sacar resultados en ese entorno requiere un entrenamiento muy especializado y por supuesto una infraestructura importante alrededor del judoka.

Otros judokas españoles lo han hecho, y hay quién lo hace y consigue ser olímpico, incluso obtienen diplomas y medallas olímpicas, ¿entonces porqué no proponérselo si uno se ve motivado y con ganas?.

Reconozco que a mi todo esto me viene grande. En dos ocasiones he estado a punto de ser entrenador de un deportista olímpico y las dos veces se frustraron, una por intereses laborales del judoka y otra por una inoportuna lesión. Pero reconozco que ilusionado con el tema alrededor de estos judokas se formó un grupo importante de trabajo y todos crecimos, aprendimos y evolucionamos.

Por eso veo con ilusión que un cadete después de su primera medalla tome esa determinación. ¡Adelante y ánimo! Porque hay trabajo por delante para el judoka y para todos, entrenador, compañeros, familia, autonomía, española… y como dice Sato:

“El valor del deporte radica más que en el resultado, en el esfuerzo realizado por conseguirlo”



15-06-09



"Los otros campeones".

Hay que tener presente que alrededor de cada medallista y siempre alrededor de un campeón, está su entrenador, su club, su familia y numerosos deportistas que enamorados del Judo y de la competición, se esfuerzan en el entrenamiento a veces con la misma dedicación e intensidad que ellos y quedando sin embargo en el anonimato.

Son los que en ciclismo llamaríamos "gregarios". Judokas con un gran nivel deportivo y humano, con mucha capacidad de aguante y espíritu de sacrificio y sobre todo con una gran ilusión (Entrenar cada día con un campeón requiere una gran dosis de fuerza de voluntad).

Son los que se entrenan con los campeones, y que por amistad, por cohesión de equipo, o por inercia dentro del club colaboran en la preparación de los medallistas, y son los que con su esfuerzo consiguen que los campeones puedan trabajar, entrenarse y tener resultados.

No cabe duda que los campeones tienen un talento especial para resolver los combates, pero tampoco hay que dudar que sin la colaboración de estos "gregarios", les resultaría mucho más difícil conseguir sus objetivos.

De alguna manera de cada medalla conseguida por un deportista son participes y responsables de su éxito a parte de la familia y su entrenador, estos incondicionales compañeros de club que en definitiva no son más que otros campeones anónimos.

01-06-09


Las lesiones en las clases de Judo.

El Judo es un deporte de contacto que consiste en aprender y practicar unas técnicas para proyectar y controlar a un contrario y aunque se proyecta sobre un tatami, en la lucha por tirar y en la caída, con alguna frecuencia los judokas se hacen daño.

La mayor parte de las veces son pequeños golpes, torceduras, esguinces, contracturas musculares, tirones sin apenas importancia y que el judoka asume, aprende a soportar, a curar y a recuperar entre sesión y sesión y a volver a entrenarse con incomodidad y con molestias, protegiendo la zona dolorosa.

Una lesión leve de este tipo, produce un dolor que mantiene la atención del judoka hasta que se produce otro distinto por el que tiene que preocuparse, y de alguna forma la vida deportiva del judoka transcurre de “molestia en molestia”.

No todos los judokas en un primer momento soportan igual el dolor. Cada persona tiene una capacidad de sufrimiento distinta y esto se evidencia durante la práctica de Judo. Existe el clásico judoka alarmista que se queja constantemente de todo, del pisotón, de la simple patada, de la rotura de un agarre… y está el “todo terreno” que nunca se queja y que lo aguanta todo.

Los entrenadores conforme vamos conociendo a nuestros alumnos, nos damos cuenta de su forma de actuar y tenemos que obrar en consecuencia.

Con la práctica el judoka se va “endureciendo” en el tatami y el Judo poco a poco le va haciendo más fuerte, el judoka aprende convivir con estas molestias, a sufrir, a aguantar contrariedades, lo que de alguna forma también le “endurece” y hace más fuerte en otros aspectos de la vida.

Un practicante de Judo resulta a la larga más capacitado para soportar el dolor muscular y articular, y en general todos los dolores.

Mientras la cosa no pase de aquí y el judoka pueda seguir realizando su vida normal incluso entrenando, sin poder decir que sea lo ideal, de alguna manera es un peaje que el deportista de un deporte de contacto tiene que pagar por el disfrute de la práctica de su deporte.

El problema surge cuando se produce una lesión seria. ¿Qué se puede considerar una lesión seria? Se podría decir que una lesión seria es la lesión que incide y le cambia temporalmente la vida al deportista. Una luxación, una fractura, una rotura de ligamentos… Cualquier lesión de este tipo, es evidente que aparta al deportista de su deporte por algún tiempo, pero lo que resulta realmente duro es que en ocasiones le aparta también de su vida normal, profesional y laboral. Y esta es la lesión que de alguna manera afecta al entrenador y que cuando se produce nos hace recapacitar, analizar la situación en la que se produjo y a veces nos hace sentir responsables.

Nadie se quiere lesionar, ni a priori ningún deportista quiere hacer daño a otro. Entonces ¿por qué se producen las lesiones?

Podemos analizar y decir que las lesiones tienen orígenes distintos. Un primer origen es el entorno, en segundo lugar las condiciones en que se realiza el entrenamiento y en definitiva y ultima instancia son los deportistas los últimos responsables de que se produzcan lesiones.

Vamos a analizar estos tres apartados:

El entorno donde se realiza el entrenamiento, la sala de Judo. La sala de Judo, deberá tener un tapiz, firme, con cierta dureza para que los judokas se puedan desplazar con facilidad y cierta soltura evitando enganches, torceduras y esguinces de dedos, tobillos y rodillas. La teoría dice que “las paredes deberán estar a cierta distancia para evitar los golpes y si no es así tendrán que estar forradas de un material amortiguante. Se evitaran las columnas y esquinas y si las hay deberán estar protegidas”. Esta es la teoría que “los clubes de toda la vida” difícilmente reúnen. Si estas condiciones no se dan se procurarán solventar como mejor se pueda. También hay que decir que, cuando un grupo se ha acostumbrado, “se ha hecho” a un lugar, a un espacio, realiza sus entrenamientos allí con mayor seguridad y confianza.

Las condiciones en que se realiza el entrenamiento se refiere en primer lugar al número de deportistas con relación al espacio disponible. Muchas lesiones, de rodilla y tobillo sobre todo, se dan cuando unos deportistas caen sobre otros que no se lo esperan, por la falta de espacio.

Y en segundo lugar, a como se afronta el entrenamiento. Al nivel homogéneo de los practicantes y a la salud de los deportistas. Si están descansados o no y la motivación que tienen en el momento de entrenar, el calentamiento que han realizado y los objetivos que se plantean en el momento de entrenar.

Hasta aquí quizá la responsabilidad fundamental es del entrenador, que tiene que haber dispuesto de una sala en condiciones, que tiene que tener presente cuantos deportistas pueden practicar a la vez, que tiene que haber preparado un calentamiento en condiciones y planteado los objetivos del entrenamiento con arreglo a lo que se pretenda y al grupo del que se disponga.

Pero aunque el entrenador tiene que intentar anticiparse a todas las situaciones que se puedan dar y debe prever todo, en última instancia es el deportista el responsable final de lo que acaece con él y sus compañeros.

A veces un novato, realiza acciones “peligrosas” quizá demasiado arriesgadas que no sabe controlar y se pone en peligro él mismo y a su compañero. También puede ocurrir que un judoka veterano no tenga suficiente control, no sepa y no sea capaz de hacer con otros de menor nivel y les haga daño en sus acciones.

Trabajando fuerte, buscando un rendimiento deportivo importante, muchas veces los deportistas arriesgan más de lo que deberían. No tienen sentido de lo que acarrean ciertas acciones para sí y para los demás y deberían plantearse hasta que punto vale la pena…

Resumiendo:

El profesor tiene que poner los medios para que el entrenamiento se realice de la mejor manera posible. La sala en condiciones, el número de practicantes indicados para los contenidos que se van trabajar, el nivel adecuado, la actitud y el comportamiento correctos de los implicados, y aun así nunca estaremos libres de que se produzca una lesión en nuestras clases.

Lo normal es no tener lesiones y pasa mucho tiempo, temporadas enteras en que no se nos produce una lesión importante en un entrenamiento. Pero en ocasiones empezamos un periodo en que sin saber porqué, se nos acumulan varías lesiones en poco tiempo.

El entrenador no sabe “por donde le vienen” y aunque no es él el responsable directo de la lesión, la lesión se produce en su casa, durante su trabajo, el afectado es su deportista que se queja en su presencia, que es él el que primero lo auxilia, es él el que lo lleva al hospital o el que va a verlo al terminar la clase o al cerrar y es el primero que “se alivia” cuando lo ve “ya reparado” y cuando se informa del alcance de la lesión, pero también el que sufre, cuando en ocasiones vive como su judoka se adapta a su nueva situación y de alguna manera se siente implicado.

Para el entrenador ver como le cambia la vida durante un tiempo a un alumno por una lesión que sucede practicando con ilusión el deporte que le gusta, que practica lúdica y voluntariamente de alguna manera le afecta.

Es posiblemente el mayor inconveniente, quizá es el único, que los profesores de Judo podemos poner a la profesión que hemos elegido, que vivimos con verdadera vocación, que disfrutamos de las clases y entrenamientos, pero que nos venimos abajo, cuando vemos como a uno de nuestros judokas le alcanza una lesión seria que le aparta temporalmente de su vida habitual.

15-05-09


El paso de Grado.

Con el fin de curso llegan los exámenes. También en Judo. Llega el fin de curso y el momento más esperado por el judoka: el de cambiar el color del cinturón.

Los colores en Judo los instituyó el japonés Kawaishi cuando llegó a Europa y apreció que en occidente el judoka necesitaba una motivación diferente que los orientales para asegurar su progresión. Así agrupó los movimientos dependiendo de la parte del cuerpo empleada en realizarlos y los distribuyó según la dificultad que requería su práctica y su incidencia en la progresión del aprendizaje.

Pero además el color del cinturón para el judoka tiene que definir a parte del conocimiento de una serie de movimientos, una actitud y un comportamiento en el momento de la clase de Judo primero, pero que tiene que ir impregnando poco a poco la personalidad del judoka y extenderse a su conducta y forma desenvolverse en su vida.

Cuando un niño se adentra en el estudio del Judo y va adquiriendo conocimientos, comienza a entender que además de aprender unas determinadas técnicas, el Judo conlleva una nueva forma de comportarse y de actuar, en una primera instancia con él mismo, pero también con sus compañeros y profesores.

Así cuando observamos una clase de un grupo de Judo con judokas con cintos de diferentes colores, por el color del cinto podemos adivinar el tiempo de práctica y lo que puede saber cada judoka, pero de alguna manera también nos puede indicar el nivel de valores como respeto, orden, disciplina, responsabilidad… que han incidido sobre el judoka que se manifestarán en mayor medida conforme más oscuro sea el color del cinturón.

Y dicho todo esto, me gustaría exponer una forma de realizar el paso de grado que en un grupo difícil, a mi me ayudó a reconducirlo.

Avanzado el curso y pasada la semana santa, en una clase complicada, con niños en ocasiones malhablados, influenciados por programas televisivos, metidos en el engranaje actual de una sociedad permisiva y de unos padres tolerantes, y que a pesar de todo esto para esta fecha habían adquirido un nivel de Judo más que aceptable, pero que por su forma de comportarse no merecían “el regalo” de pasar de cinturón, les expuse lo siguiente:

El color del cinto del judoka, indica el conocimiento de un determinado número de técnicas, y la forma de realizarlas, pero sobre todo lo que tiene que indicar además siempre el color del cinturón es una actitud y un comportamiento.

En una clase donde haya distintos niveles se sobreentiende que los cintos más altos conocen más movimientos, pero que por haber practicado más y haberse entrenado más tiempo tienen una concepción distinta del grupo, del trato con sus compañeros, de la forma de relacionarse, de comportarse etc.

En definitiva el hecho de practicar Judo tiene que traducirse en una mejor educación y en un buen comportamiento, ya no solo en la clase de Judo sino en toda la vida del judoka.

Entonces lo que vamos a hacer es lo siguiente. El examen de cinto no lo vamos a hacer todos a la vez en un día, va a ser progresivo. Como seguro que en la clase hay judokas que observan siempre un comportamiento correcto y no tienen porqué esperar, se examinarán primero y cada día examinaré a quién yo considere que lo merece por su actitud, interés trabajo y forma de comportarse, no solo en ese día sino también en días anteriores.

Al que examine si aprueba, en ese momento yo le regalaré el cinturón que ya se podrá poner, ahora bien ese cinto seguirá siendo mío hasta el último día de clase y si observo un comportamiento incorrecto me lo devolverá y se lo guardaré hasta que lo merezca y deberá vestir al menos hasta final de curso su cinto anterior. Estará examinado y técnicamente le corresponderá el cinto al que ha pasado pero este curso y en la exhibición de fin de curso no podrá llevarlo…porque aún no ha demostrado que lo merece.”

Ese trimestre en que examiné cada día a unos pocos y preparamos la exhibición de fin de curso fue con diferencia el mejor trimestre del año con esa clase. La posibilidad de perder “temporalmente” el cinto y no poder lucirlo esos últimos días y en la exhibición delante de los padres pienso que fue la motivación para aprovechar mejor el tiempo, comportarse mejor y colocarlos en la situación ideal para dejar que el Judo actuase y consiguiese que se comportaran mejor dentro y fuera del tatami.

¿Que quizá no sea esta la mejor forma?
No lo se. A mi me sirvió para resolver una situación complicada.

01-05-09


El Judo en el colegio y en el club.

Yo no hice Judo en el colegio, en aquel tiempo no era lo habitual, por eso no puedo hablar de cuando hacía Judo en el colegio pues no tengo la experiencia ni las sensaciones de tener la clase de Judo dentro del colegio, aunque si las he conocido como profesor de colegio y de gimnasio.

Hay una diferencia importante y una distinta actitud en como los niños afrontan la clase si acuden a un club o si es en una sala dentro del mismo colegio al finalizar la jornada escolar. Los contenidos de la clase en si, seguro que son los mismos, el profesor habitualmente es el mismo que imparte clase en el colegio y luego en un club, pero muchas veces ni para el profesor ni para el niño es lo mismo, ni se aprovechan igual las clases en el colegio que en el club.

Seguro que todos los profesores que impartimos o hemos impartido clase en colegio y club notamos diferencias. A menudo nos hemos parado a pensar porqué razón no nos sale igual, porqué no nos sentimos igual en el club que en el colegio, pero no se si nos hemos parado a analizar la situación. Es lo que yo voy a intentar hacer a continuación.

Vamos a ver las diferencias: En el colegio: Para el niño El niño está en su casa. Pasa muchas horas del día allí. Juega en su campo. Posiblemente la clase de Judo se realiza en la misma sala en que realiza educación física o en una sala polivalente en la que está habituado a realizar otras muchas actividades y donde hay que montar y desmontar el tatami.
Sus compañeros de Judo son los mismos… no desconecta…

También acaba de terminar una jornada llena de asignaturas convencionales donde ha tenido que permanecer inmóvil en un aula, manteniendo una atención, sentado…

El niño en muchas ocasiones no sabe distinguir la obligatoriedad de las clases anteriores, de toda la mañana o todo el día con la clase de Judo que normalmente ha elegido de forma voluntaria como actividad extraescolar.

Si el colegio tiene una sala dedicada íntegramente a Judo, es una ventaja. En esta sala, que solo se usa para practicar Judo es más fácil conseguir un “ambiente de Judo”… y más fácil de impregnar y comunicar “el espíritu de Judo”.

Si no es así, el profesor se las ve y se las desea para al inicio de la clase captar la atención del grupo y crear el ambiente apropiado. El momento del saludo, con el ritual que entraña puede ser una clave para este comienzo.

¿Y para el profesor? Dependiendo del lugar donde se realiza la sesión, el profesor se puede encontrar más o menos cómodo.

Si es en una sala polivalente o un pabellón donde al mismo tiempo se están desarrollando otras actividades, al profesor le cuesta mucho poder mantener la atención de los practicantes y la clase no se realiza en buenas condiciones. Se tendrá que plantear como objetivo hacer entender a la APA o a la dirección de colegio la necesidad de buscar un lugar aislado.

A veces se consigue una sala donde se monta y desmonta el tapiz, no es lo ideal, pero lo importante es poder crear las condiciones para que le sesión se pueda realizar y estar solos es primordial y si para estar solos hay que pagar el peaje de “montar y desmontar”… “bendito peaje…”

Al comenzar la clase en el colegio el ritual del saludo ayuda al profesor a crear un ambiente y meter a los niños en “materia”.

Y después ya depende del profesor, de su habilidad, de su empatía, de su personalidad, conocimientos de Judo, de pedagogía y de psicología, para hacerse con la clase.

Teniendo siempre en cuenta que cualquier decisión que tome, estará siempre supervisada por la APA o dirección del colegio que en definitiva son los últimos responsables de la actividad.

En el club: Para el niño El niño viene a tu campo. El profesor “juega” en casa.

El club o gimnasio “huele especial”. Ya solo el hecho de entrar, oler, oír, ver…el Judo entra por los sentidos e impregna de sensaciones que identifica. Día a día irá acumulando más sensaciones, más recuerdos que consiguen que cada vez que abre la puerta y entra, entra en “el mundo del Judo”, lo que en el colegio el profesor consigue con mucho esfuerzo ayudándose del rito del saludo, se consigue por medio de los sentidos en el club o gimnasio.

El niño cambia de centro. No está en el colegio. Va “voluntariamente”, tiene que desplazarse al gimnasio.

Sus compañeros no son los de todo el día, al principio son “extraños” pero poco a poco llegan ha hacerse amigos y hacen del club un punto de encuentro y es una razón más para ir motivado al gimnasio.

¿Y para el profesor? Juegas en casa. El niño viene a tu campo. Pone de su parte para venir, se tiene que desplazar.

El club o gimnasio como ya hemos indicado “huele especial”. Eso facilita el ambiente.

No es imprescindible porque el ambiente se “siente”, aunque si recomendable el hecho de esperar para saludar todos juntos. Conforme van llegando para no perder tiempo se puede empezar, con juegos, pinos, estiramientos… conforme van llegando se integran y se puede comenzar…con saludo o sin él…

Luego ya va a depender también de la habilidad del profesor, empatía, conocimientos… Pero está claro que aquí es el profesor el que tiene la sartén por el mango. Juega en casa y juega a su favor que “el niño está por la labor” y es por eso que resulta más sencillo que la “clase discurra bien”.

Lo ideal Para el niño: el niño tiene que divertirse practicando Judo y salir contento de su clase, y que esta no se le haya hecho larga. La mejor recompensa que puede escuchar un profesor cuando indica colocarse para el saludo final es que los alumnos digan ¿ya?

Para el profesor: es salir de la clase satisfecho habiendo cumplido los objetivos que se hubiera propuesto. Tiene que haber conseguido que los niños se lo hayan pasado bien manteniendo unas formas y practicando Judo. Lo mejor que le puede pasar a un profesor es que se le haya pasado la clase sin haber mirado una sola vez el reloj.

Si el profesor lo pasa bien impartiendo la sesión es una buena señal. El profesor sale realizado de la clase si sus niños lo siguen, lo entienden, le hacen caso y se esfuerzan.

En una buena sesión de Judo sea en un colegio o en un gimnasio el profesor tiene que conseguir recrearse con la clase, disfrutar con lo que está haciendo, y percibir que los alumnos “entregados” realizan el trabajo previsto.

Concluyendo: El Judo en el colegio actualmente es importante y necesario para su desarrollo. Es el “vivero”, de donde se han de nutrir los clubes.

Es el lugar donde se encuentran “los alevines” que hay que tratar de captar y que comiencen el Judo desde más pequeños, desde el principio. En ese principio el niño quizá realiza más actividades extraescolares, pero si el Judo forma parte de ellas, luego podrá elegir… Si no ha probado Judo y no lo conoce difícilmente se integrará más adelante.

Después puede resultar interesante, si tenemos la posibilidad, hacer participar poco a poco a los niños en una clase de club. A partir de cierta edad o de cierto nivel, periódica o esporádicamente, llevarles a una clase de club, de un nivel similar pero que por el hecho de realizarse en el club, con niños del club, implica una experiencia y un compromiso mayor.

La clase en el colegio puede resultar en algunos casos más problemática para el profesor por todo lo que hemos expuesto.

El profesor tiene llegar a adquirir una profesionalidad suficiente para poder adaptarse y desenvolverse en cualquier situación. Está claro que esa profesionalidad la va a adquirir en el aprendizaje diario. La ilusión, el afán de no dejar de aprender y la motivación por ser un buen profesor es la base de esta formación.

El Judo es un deporte, y es una herramienta de trabajo tan especial, que “bien explotada” es una ayuda importante en la educación en los dos sentidos, durante la etapa de desarrollo del niño y en la de formación del profesor.

15-04-09


Menos mal que son los menos.

Hoy me he cruzado con “un niño”, que no me ha visto o no me ha querido ver, quizá porque ahora es más mayor, ha madurado, se avergüenza y se da cuenta de que su comportamiento en su momento, no fue el correcto. En los muchos años tratando de enseñar Judo y en las muchas clases impartidas siempre recuerdas el caso de algún niño, de algún alumno que nos ha dejado un sabor agridulce.

En ocasiones tienes en clase un niño “difícil”, y “lo aguantas” con la esperanza de que la magia del Judo te ayude a reconducirlo. De esta manera pasamos clases, a veces meses incluso cursos enteros aguantando sus malas formas, sus impertinencias, intentando corregirlo, (lo fácil sería echarlo), tratando de que sus compañeros lo entiendan y soporten sus “travesuras” y aun poniendo todo el trabajo y la mejor voluntad del mundo no consigues hacerte con él. Finalmente el niño un día se borra, “porque no le gusta el Judo o porque dice que le tienes manía y no lo tratas como a los demás” y a la vez del sentimiento de liberación que te produce, pues ya no va a seguir incordiando en la clase te queda una amalgama de sentimientos de “tiempo perdido”, de fracaso y de frustración al no haber tomado la decisión antes y no haber sido tú el que lo haya dado de baja por mantener un comportamiento “insoportable”.

Si hablas con los padres, intentas con todo el tacto del mundo explicarles la situación, el comportamiento del niño en clase, y a través de sus explicaciones, en muchos casos enseguida intuyes y te das cuenta de porqué el niño se comporta así.

En estos últimos treinta años, los profesores de Judo “más veteranos” con el paso de distintas generaciones por nuestras manos, hemos asistido y estamos viviendo el cambio que se está dando en la sociedad.

Se dice actualmente que los niños de ahora, han perdido el rumbo, que han perdido los valores, y muchas veces no es así, muchos de los niños actuales no han perdido nada, porque nunca los han conocido.

Quizá es la falta de formación de algunos padres, la influencia de la televisión, el proteccionismo a que son sometidos los niños, el miedo a frustrarles, a que no salgan traumatizados, a que no se sientan mal, les dotan de un protagonismo improcedente, y los niños crecen en un ambiente de permisividad donde todo se les permite. Así en estas nuevas generaciones, en una sociedad que no valora el esfuerzo, muchos niños sin referentes se vuelven en ocasiones egoístas y vagos.

Los profesores y educadores no podemos mostrarnos indiferentes ni mirar hacia otro lado ante ciertos comportamientos, agresiones, expresiones, palabras, insultos que se suceden a nuestro alrededor y en ocasiones en nuestra presencia y no podemos tolerar soeces que el niño manifiesta a veces y su entorno de amigos celebra como una fiesta.

Hace tiempo un profesor solo con mirar a un niño de manera seria cuando estaba realizando algo incorrecto, este se avergonzaba y dejaba de hacerlo o cambiaba de actitud. Actualmente miras a un niño de esa manera en una situación similar y con el mayor descaro te mira, se ríe y te pregunta que qué te pasa, que porque lo miras mal e incluso e plantea la posibilidad de denunciarte.

Son quizá los padres que han vivido estos valores, los que se dan cuenta de que se pierden pero que por comodidad y porque les resulta más sencillo se adaptan a la nueva situación, y aunque en el fondo ven que “las cosas no van bien” piensan que es en el colegio y que son los profesores los que tienen que solucionar el tema. No tienen en cuenta que la familia educa y la escuela o colegio instruye.

En ocasiones hay padres, quizá por falta de tiempo, por problemas laborales o por que les resulta más cómodo, que dejan todo el tema relacionado con la educación de sus hijos al colegio, se dan cuenta de las cosas, intuyen que algo no va bien, pero es más cómodo no discutir, y mientras el niño en casa acate unas mínimas normas de convivencia se acepta todo.

Estos son los padres que “por comodidad o porque no se sienten capaces” confían toda la educación de sus hijos a los profesores, con eso ya les parece que cumplen con su misión de padres y son los primeros que en cuando el niño les cuenta “su versión” de que un profesor le ha reñido, sin enterarse de la versión del profesor, dan la razón al niño y juntos se dedican a juzgar la actuación del maestro.

También hay padres, afortunadamente, que son conscientes de que la educación es todo, y de que la educación empieza en casa y en la familia, y son los que se preocupan de verdad por sus hijos, intentan comunicarse con ellos el mayor tiempo posible así consiguen conocerlos y saben interpretar sus mensajes. Cuando surge una situación “conflictiva” van a conocer la versión del profesor, siemprecon un espíritu cooperador pensando en el profesor como un educador que está trabajando por y para sus hijos.

El profesor que en muchos casos se siente solo cuando viene un padre airado con una versión tergiversada por el niño, a discutirle lleno de razón de algo que no conoce porque no estuvo allí y solo tiene la versión del niño, se desmotiva y de allí que surjan los actuales casos de baja por depresiones laborales entre profesores de colegio.

Una de las peores cosas que le puede pasar a un profesor de Judo, es que no le apetezca ir a dar una clase por el ambiente que sabe que se va a encontrar, debido al comportamiento tan solo de uno o dos niños “difíciles” que se encargan de echar por tierra la ilusión y el trabajo de toda una clase y de su profesor.

Sin embargo cuando algún padre responsable, interesado por la educación de sus hijos, que también los hay, se acerca a conocerlo, a preguntarle por su hijo, para intentar trabajar en la misma dirección el profesor se siente reconfortado y de alguna manera gratificado.

El Judo es un deporte de contacto y su práctica implica una cierta complejidad en cuanto a la disciplina. En las clases de Judo tienen que existir dos tipos de disciplina, una de ellas, social (puntualidad, buena educación, comportamiento, formas, respeto) y otra necesaria para salvaguardar los intereses de los miembros del grupo (salud y seguridad física) y necesaria: para que el grupo progrese (sistema de progresión y de entrenamiento).

Quizá esta reflexión parezca triste y hecha en un momento depresivo, pero no es así.

Esta reflexión ha surgido a raíz de cruzarse conmigo un antiguo “niño difícil” que ha mirado al suelo, quizá avergonzado, lo que demuestra “su punto actual madurez” y que me ha hecho recordar situaciones problemáticas vividas.

Afortunadamente lo que te encuentras siempre y como es normal no da lugar a este tipo de reflexiones, es con alumnos que han pasado por tus manos, ya encauzados en la vida y que recuerdan su tiempo en el Judo como algo muy importante en su vida, que reconocen la influencia tan grande que el Judo y tú (por qué no decirlo) como profesor, has tenido en sus vidas, que se alegran de verte, y de saber de ti, y que muestran su confianza entregándote a sus niños cuando tienen la edad, lo que te produce una gran satisfacción y en ocasiones una gran ternura.

El que ha hecho brotar esta reflexión, que también seguro ha influido en mi formación como profesor y ha formado parte de mi vida… es uno más… pero… “menos mal, que es uno de esos que son menos”.

01-04-09


¿Y que lo deje ahora?

Por: José Ángel Guedea Adiego.

Esta es una pregunta con la que nos encontramos a veces los profesores de Judo, que nos hace una madre preocupada porque su hijo ha llegado a una edad en que empieza a pensar por si mismo, y ha decidido que el Judo ya no es su actividad prioritaria.

La madre o el padre piensan que después de la inversión que han hecho con su niño desde los seis o siete años, que deje de practicar Judo ahora que tiene trece o catorce van a ser siete años tirados por la borda.

El niño en cuestión en estos siete años, si empezó a los siete y tiene catorce está en puertas de pasar a cinto negro y “que no lo acabe”… “que lo deje ahora” les parece que ha fracasado y en definitiva intuyen que ha sido una perdida de tiempo.

Es quizá el momento de hacerles ver que si cada niño que empieza una actividad extraescolar que oferta el colegio, “tiene que acabarla”, tendríamos un sinfín de futbolistas, bailarinas de ballet, informáticos, tenistas, músicos, judokas, ciclistas… habría que definir el concepto acabar en cada actividad.

Acabar en fútbol, ¿que supone? ¿Jugar en un equipo profesional? ¿En tenis? ¿Ser un jugador profesional, o un profesional del tenis? En ciclismo? ¿Llegar a ser un corredor? Acabar en Judo ¿que supone? ¿Llegar a cinturón negro? ¿Convertirse en profesor? Menos mal que todos los niños que empiezan Judo no terminan como profesores de Judo. Sería muy fuerte para los que nos dedicamos a ello…

Las actividades extraescolares que oferta el centro es un abanico de opciones que se abre al niño, que se le da la posibilidad de escoger y de conocer, y que complementan al niño en su periodo de crecimiento y de formación.

El niño que empieza Judo a los siete años y lo deja a los catorce, ¿se considera que ha fracasado?, ¿qué ha perdido el tiempo?, en absoluto. Durante este tiempo el niño ha practicado un deporte que ha contribuido a darle toda una educación física y humanística, que le ha ayudado a desarrollarse física y mentalmente, que le ha enseñado a relacionarse, a madurar y le ha dado una educación y unas vivencias, que difícilmente hubiera podido encontrar en otro deporte.

Sería ideal que “el niño”, siguiera practicando Judo. Que paralelamente a sus estudios, trabajo o profesión mantuviera relación con su club, su profesor, sus amigos… pero no es siempre así.

Y si no es así, es evidente que “el niño” después de haber practicado Judo y crecido en un ambiente de Judo ha llegado a ser así, y si ahora es como es, y mucho de lo que podrá ser, seguro que es por la influencia tan importante que la práctica del Judo ha tenido durante su periodo de formación.

15-03-09



La exigencia del entrenador.

Por José Ángel Guedea Adiego.

A raíz de leer en Arajudo los apartados de “Dime lo que quieras”, ante la pregunta, ¿Cuál es la persona que más exigente ha sido contigo?

Algunas respuestas han sido las siguientes

Yo misma…, siempre me ha exigido un poco más…, mi padre y entrenador, siempre está que si he corrido, que si he hecho pesas…, mi entrenador que cada día quiere más…, siempre lo encuentro a mi lado corrigiéndome, haciéndome perfeccionar, tapando lagunas…, yo mismo pues siempre he tenido claro lo que he querido…, mi profe que siempre ha ido persiguiéndome por el tatami…, yo misma, soy muy exigente con mi entrenamiento…,mi hermano…,yo mismo o mi entrenador…, yo mismo…, mi padre y entrenador, siempre quiere más…, mi entrenador dándome pescozones…, ¿exigirme de exigirme en un entrenamiento…?

Y ha surgido la siguiente reflexión:

¿Quién es la persona que resulta ser más exigente en la vida deportiva del judoka?

En el comercio en la vida ordinaria, ante un artículo que nos interesa comprar, nos enteramos del precio y si nos parece apropiado y nos conviene lo compramos y nos parece normal y exigimos que el artículo se encuentre en las mejores condiciones.
En un deporte profesional, por ejemplo fútbol, a un jugador por el que se ha pagado una cantidad astronómica y cobra un sueldo “acorde con su valía o su popularidad” se le puede exigir que se entrene, que se cuide, que obtenga resultados y que meta goles.

¿Cuál es la situación en Judo?

Una persona que quiere hacer Judo, busca un club, un gimnasio de Judo, se apunta, paga una cuota y acuerda unas sesiones, unos horarios y una enseñanza que el gimnasio se compromete a cumplir y tiene que hacerlo porque sino el “cliente” puede reclamar y exigir que se cumpla lo acordado.
Pero es el cliente, es el alumno el que exige al gimnasio y al profesor que cumplan los horarios y que se cumpla lo pactado.
En ocasiones un profesor poco empático o poco profesional, no hace las clases apropiadas con el nivel que tiene entre las manos o tiene una clase complicada con practicantes de distintas edades, nivel y condición física y difícilmente consigue que todos salgan satisfechos todos los días del entrenamiento. “Los clientes”, si están descontentos, quizá se lo digan, pero en muchas ocasiones lo que sucede es que dejan de practicar y abandonan el gimnasio.

La persona más importante en la vida deportiva de un judoka es su profesor. El profesor lo que si hará para llevar el control en la clase y en el entrenamiento es exigir una forma de disciplina social para que en su clase se cumplan unas normas de buena educación, de puntualidad, de respeto, de higiene… y otra forma de disciplina necesaria para salvaguardar los intereses de los miembros del grupo y para que el grupo progrese.

Un entrenador puede mostrarse autoritario, sumiso o mostrar un estilo cooperador, pero ¿hasta que punto y en qué momento puede exigir a sus alumnos una implicación mayor en el entrenamiento? Y ¿con qué nivel de exigencia puede hacerlo?

La exigencia en el entrenamiento de alguna forma la marca el deportista y es el propio judoka el que se exige en un primer momento. El entrenador debe de darse cuenta de su entrega, de sus aspiraciones, de lo que el deportista pretende, del tiempo y del esfuerzo que dedica y está dispuesto a emplear y a partir de ahí es cuando el entrenador puede en un “tira y afloja” aportar su colaboración y apoyar con una mayor atención, dedicación y trabajo a su deportista.

Entonces lo normal es que entre el entrenador y el deportista se cree una relación más fuerte, que juntos se planteen los objetivos que se quieren conseguir y que acuerden que está dispuesto cada uno dispuesto a aportar de si mismo, y a partir de ese “compromiso formal”, el entrenador ya puede ser exigente con su judoka en base a lo pactado y ya dependerá de su relación, de la empatía y de sus conocimientos, cómo se desarrollará la situación.

Y es a partir de ese “compromiso moral” de los dos, que el entrenador poniendo los medios puede exigir al judoka que cumpla lo acordado.

¿Pero hasta que punto el entrenador puede ser exigente?

En un deporte como el nuestro, basado solo en la ilusión por los resultados, sin remuneraciones económicas por en medio en el nivel a que me estoy refiriendo, alimentado en un primer momento por el hecho de practicar Judo, por la vida encontrada en el club con sus compañeros, por la relación con el entrenador, la exigencia del entrenador va a estar marcada en la medida en que el judoka se exija, se entregue al entrenamiento y demuestre hasta donde está dispuesto a llegar y el punto de exigencia va a depender también de una manera importante de la “entrega” y la dedicación del entrenador al proyecto emprendido juntos teniendo los dos claro lo pactado, y sabiendo que en cualquier momento cualquiera de ellos, tiene la posibilidad de decidir parar.

De ahí la importancia de una comunicación abierta y sincera entre el entrenador y el judoka para informarse a tiempo, evitar malentendidos, saber en todo momento los dos a que atenerse y obrar en consecuencia.

01-03-09



La importancia del nuevo.

Por José Ángel Guedea Adiego.

Muchas veces nos preguntamos que tipo de publicidad podemos hacer para incorporar más niños en nuestras clases. Solemos a principio de curso repartir publicidad, ponemos carteles y de alguna manera informamos de que vamos a empezar la actividad.

Aprovechando la Navidad o el fin de curso organizamos una exhibición donde los padres y amigos pueden conocer el Judo y ver la evolución y la progresión de sus hijos. A raíz de estas manifestaciones siempre suelen surgir nuevas altas que complementan el grupo, nos motivan y nos ayudan a seguir.

Alguna vez hemos pensado ¿cuál es la mejor forma de publicidad?

Un judoka en un grupo ya consolidado, que practica Judo hace tiempo, que ha integrado el Judo en su vida, y que en todo su entorno se conoce que practica esa actividad, se ha acostumbrado y el Judo forma parte de sus rutinas, de su actividad normal. El Judo influye en su personalidad y en su forma de actuar, le hace responsable con su vida, coherente en su manera de actuar y de alguna manera va manifestando las actitudes y todos los valores éticos de los que se va impregnado y que del Judo emanan.

Pero a corto plazo este no es el judoka que nos aporta nuevas inscripciones. El judoka que “mejor nos vende” es el nuevo, es el que acaba de comenzar a practicar Judo, el que acaba de descubrir el Judo, es el que mejor publicidad “puntual” va a hacer de nuestro deporte y de nuestra clase. Este nuevo que descubre las posibilidades que le brinda su cuerpo, para aprender a caer, para hacer movimientos con los que tirar, que se integra en un grupo, que hace nuevos amigos y descubre que necesita del otro y que necesitan de él para practicar, es el que entusiasmado en casa y entre sus amigos, que aun no hacen Judo, no parará de hablar de su descubrimiento y el “¿sabes que ahora hago Judo?”, será su frase habitual durante un tiempo y es el que hace la mejor publicidad en el momento.

Por eso es normal que una clase de un grupo de judokas consolidada en el tiempo, con un trabajo serio, constante y bien programado, con un buen ambiente de trabajo de Judo se mantenga en el tiempo aun sin tener nuevas incorporaciones.

Y por estas razones puede ser también que cuando nos entra uno nuevo, este novato cuenta entre sus amigos y familia su descubrimiento y de repente nos encontramos que en el grupo hemos tenido nuevas incorporaciones que bien dirigidos y cuidados forman un semillero importante con capacidad de arrastrar otras más.

Además, Estamos acostumbrados, y a veces no nos damos cuenta, “sin querer” o queriendo, en las clases y a través del Judo a fomentar y a transmitir unas formas, un modelo de comportamiento, una disciplina y unos valores que van empapando al judoka y que modelan su conducta.

A nosotros nos parece normal, pero el día en que entran en el club unos padres a informarse, se sorprenden al observar un grupo de judokas, jóvenes o no tan jóvenes en un ambiente donde priman las buenas maneras y que un silencio inusual, por la cantidad de practicantes, es el protagonista solo roto por el sonido típico de las caídas y la voz del profesor, en que los judokas agarrados evolucionan por el tapiz, donde el esfuerzo se siente y “se huele” y se observa en el “combate” un intercambio generoso y sincero de conocimientos en un ambiente distendido y disciplinado.

Y también nuestro judokas que imbuidos por las formas y los valores que “maman” día a día en el tapiz y en el club junto a sus compañeros comportan unos valores que no pueden ocultar y la frase de elogio que muchas veces oyen los padres de un judoka, por parte de otros padres cuyos hijos aun no hacen Judo “…es que tenéis un hijo...” “…claro es que vuestro hijo…” pasa a ser habitual.

Es por todo esto que el objetivo fundamental y más importante que nos tenemos que marcar siempre los profesores de Judo es que “la mejor propaganda de nuestro deporte y nuestra mejor carta de presentación sean nuestros propios alumnos”.

15-02-09


Entrenarse bien, entrenarse más.

Por José Ángel Guedea Adiego.

¿Qué entendemos por entrenarse bien? ¿Cuándo consideramos que se ha entrenado bien?

¿Cómo se manifiesta? ¿Cuándo se puede decir que un grupo ha realizado un buen entrenamiento?

En un entrenamiento de Judo se pueden plantear distintos objetivos: pasarlo bien, intentar perfeccionar los movimientos de Judo, relacionarse, sentirse a gusto mediante el esfuerzo físico, mantenerse en forma, sudar… cualquiera de ellos es perfectamente respetable, y el entrenamiento podrá considerarse bueno, siempre que se observen las formas y los valores que el Judo encierra y siempre que se alcancen los objetivos planteados.

Pero si el objetivo es ganar combates en distintos foros, realizar buenos entrenamientos y entrenarse bien, a veces no es suficiente.

Para llegar a hacer bien Judo, pasarlo bien, relacionarse y practicar un deporte, es suficiente con estar bien dirigido por un profesor, que posea unos conocimientos, una base técnica importante y que preocupado esté pendiente de los fallos o errores, teniendo claro el concepto y la base de cada movimiento.

Y para que el entrenamiento sea bueno, hay que conseguir que los deportistas hayan adquirido un buen nivel técnico básico, también lo ideal es que el grupo sea un grupo homogéneo, aunque esto quizá no sea lo más importante.

El nivel técnico, se adquiere con la práctica del sotai renshiu y el uchi komi, en estático y en desplazamiento, con la práctica del yaku soku geiko, del kakari geiko y del nage komi.

Hay que tratar de conseguir que los judokas se metan en el entrenamiento sin apenas darse cuenta. Que no “les cueste” especial esfuerzo ponerse a punto para entrenar en las mejores condiciones.

Aquí el calentamiento es el protagonista y mediante el uchi komi, el yaku soku geiko, incluso la parte técnica del entrenamiento con contenidos dirigidos, el deportista “entra” en materia y se coloca en las mejores condiciones para trabajar. Los contenidos que se elijan, dependerán de las carencias que se hayan observado entrenando o compitiendo y de los objetivos que se propongan alcanzar.

A continuación comienza el tiempo de randori, en japonés “ju renshiu,” cuanto más mejor. Si se llega a conseguir que el randori se realice de manera natural, que no “cueste” un esfuerzo especial, ya se tiene una base importante para que un entrenamiento pueda calificarse de bueno. Randori con contenidos marcados o no, pero siempre tratando de conseguir que el judoka de forma natural, tenga lucidez suficiente para pensar, tomar decisiones y marcarse él mismo los objetivos a conseguir durante su práctica.

Pero para ganar combates, además de entrenarse bien hay que entrenarse más. Pero ¿más que quien?, más que los demás, más que los rivales con los que se va a competir. Y si además de entrenarse bien, se entrena más, ganar combates será la consecuencia lógica del entrenamiento realizado.

El rendimiento y la progresión de un judoka y en consecuencia sus resultados, tienen que ser y son directamente proporcionales a las horas de entrenamiento que realiza. Un judoka no puede pretender con dos horas de Judo a la semana aun entrenando bien, igualarse a otro que entrena ocho, diez o más horas a la semana aunque su entrenamiento “a lo mejor no sea tan bueno”.

¿Cuándo se puede decir que un entrenamiento es bueno?

Cuando los judokas se esfuerzan. Cuando se les proporciona el ambiente idóneo donde poder entrenarse, cuando trabajan unos contenidos determinados, unos contenidos que les sirvan para sus objetivos y pueden llevarlo a efecto.

Cuando los judokas salen del tapiz cargados de endorfinas, cansados pero felices, optimistas y pletóricos, con buenas sensaciones, “enteros” y sin lesiones, sintiendo su esfuerzo recompensado y notando su progreso.



30-01-09



“Tampoco está tan mal”.

Por: José Ángel Guedea.

Después de pasar mi primera experiencia en una competición de carácter nacional, el sector senior, sin entrenadores en la silla, mi opinión es que “tampoco está tan mal”. Inicialmente parece que dejar “desarropado” al competidor en el momento de salir iba a ser, preocupante y sin embargo no ha sido así.

¿Y porqué digo esto?

Muchas veces la sensación es mayor en el entrenador que en el propio competidor. Los entrenadores pensamos muchas veces que somos imprescindibles en el momento de la competición. Lo cierto es, que nos parece en muchos casos que nos hemos hecho importantes para nuestros competidores en el momento de competir y en algunos casos también nos hemos hecho importantes en la vida deportiva de nuestro competidor pero una vez iniciado el combate, es una realidad, que es muy poco lo que podemos hacer y nuestra eficacia y nuestro trabajo se reduce al tiempo hasta el momento de salir a competir, en las planificaciones, en los entrenamientos, en la preparación de la competición, en el calentamiento… y en el momento en que nuestro competidor sale al tapiz, desde fuera ya podemos hacer muy poco.

En el momento en que entra en el tatami, hacemos lo que nos parece mejor para ayudarle, le animamos, le damos indicaciones, nos dirigimos directa o indirectamente a los árbitros y el competidor muchas veces va a su aire, hace lo que puede y lo que le deja hacer el contrario y el entrenador lo que hacemos a veces es desahogarnos y hacer nuestra competición.

Como dijo mi amigo Julen Idarreta antes de empezar. “Siendo así, ahora tendremos que aleccionar al competidor antes de salir”, y es evidente que tiene que ser así… Hasta ahora los entrenadores en un combate de Judo intentábamos ayudar transmitiendo confianza y comunicando indicaciones que pensábamos que servían. Ahora la confianza tendremos que comunicarla antes y las indicaciones que muchas veces el competidor no entendía, no sabia asimilar y no podía aplicar, tenemos que conseguir que las tenga aprendidas, asimiladas y dispuestas a punto, antes. Y durante la competición, mientras nos podamos comunicar con el competidor durante el calentamiento y entre los combates… “tampoco está tan mal”.

Ventajas:

- El entrenador tiene mayor autonomía para ver a su competidor desde donde quiera o desde donde le dejen, con una menor responsabilidad de lo que sucede puntualmente sobre el tatami, y gritar indicaciones si puede y “si procede”, por supuesto desde más lejos pero diciendo lo imprescindible para servir de recordatorio. Al estar más lejos el entrenador solo “gritará”, si grita para recordar lo justo. No presiona al competidor, no presiona a los árbitros, no se “enfrenta” con el otro entrenador.

- El competidor al encontrarse “solo” está menos presionado. Sabe que su entrenador está allí, que quiere ayudarle, es consciente de todo lo que han trabajado, de lo que siente y de lo que piensa, y si se ha preparado bien, resolverá tanto esté con su entrenador como si no. La confianza del competidor, proviene del entrenamiento realizado, de su seguridad para competir y es en el calentamiento mediante sus sensaciones, el momento en que tiene que ajustar el nivel óptimo de activación que le hará afrontar con confianza sus combates.

- No poder estar junto al tapiz, de alguna manera libera al entrenador de la responsabilidad puntual del combate.

- El entrenador no tiene la posibilidad de perder sus papeles en público y de dar una mala imagen.

- El entrenador no se enfrenta con el otro entrenador. Muchas veces se realizaba un combate paralelo al borde del tatami, quién gritaba más, quién daba más indicaciones, quién conseguía influenciar más a los árbitros… y al terminar el combate quedaba una sensación de ganador o de perdedor entre los entrenadores totalmente fuera de lugar.

- El entrenador no influye y no se enfrenta con los árbitros, los árbitros se encuentran más relajados y pueden hacerlo mejor.

Inconvenientes:

Y si soy sincero, no encuentro inconvenientes. Aun así reconozco que me gustaría estar junto a mi competidor lo más cerca posible, antes durante y después, y durante el combate incluso “pelearme” junto a él para ayudarle hasta el final.

Quizá el único inconveniente, si puede llamarse así, sean los lazos de complicidad que se van a perder entre entrenador y deportista, que se creaban en el momento del combate y que derivaban en una relación importante después de la competición y que a raíz de ese momento y fruto de esa motivación se afianzaba crecía y a través de una programación y un entrenamiento más serio podía dar la posibilidad de esa transmisión de valores en los dos sentidos que en el Judo tiene lugar.

Pero que también pueden surgir durante la preparación de la competición, en los entrenamientos y en la competición pudiendo compartir el tiempo del calentamiento, las transiciones…

Como ya dije en su momento…

“De todas formas:

Podrá gustarnos o no, pero las cosas son como son y si a partir de ahora se van a hacer así, van a ser así. El Judo sigue adelante. Las competiciones de Judo se van a seguir celebrando y nuestros pupilos van a seguir compitiendo. El tema que ahora se nos plantea es, cuál va a ser nuestra función, desde donde y como la vamos a desarrollar. Se supone que como entrenadores seguiremos asumiendo la función de acompañar y arropar al competidor durante el calentamiento, para controlar que lo realice correctamente, para infundir confianza, para dar indicaciones de cómo afrontar al primer rival…para estar con él y acompañarlo hasta el último minuto…”

Se nos ha liberado de estar en la silla, de alguna forma vivimos de otra forma el momento puntual de cada combate…Y esta manera a la que nos acabaremos acostumbrando…, “tampoco está tan mal…”

15-01-09



Reflexión de cuando en muchos casos un judoka abandona la práctica del judo.

Por: José Ángel Guedea.

Judokas, “algunos niños” que para sus profesores por la relación, por las vivencias que han tenido juntos, se han hecho más especiales van creciendo, tienen sus amigos y sus amigas…un día tienen novia, y esto es lo normal, siguen entrenándose y siguen teniendo una relación importante con el club, con sus compañeros y con su entrenador.

También suele pasar que van creciendo, tienen sus amigos y sus amigas, comienzan su trabajo, hasta aquí también todo va igual, siguen entrenándose y siguen teniendo una relación importante con el club. Pero el día que tienen novia y tienen trabajo, ya empieza a no ser igual. Es la evolución normal y es ley de vida pero es la situación la mayor parte de las veces, en que poco a poco van dejando de entrenarse y la relación con ellos empieza a cambiar.

Y el día en que se casan o se van a vivir juntos, es definitivamente el comienzo del final de su carrera deportiva como judokas y poco a poco y sin darse cuenta se van alejando del entrenamiento y del club, sus prioridades cambian y se dedican por entero a la novedad de su nueva vida en pareja.

El entrenador siente que los quiere igual, imagina lo que ellos sienten o pueden sentir, también, entiende la situación y la experiencia le dice que de alguna manera empieza a “perderlos… como deportistas”, en los entrenamientos y en alguna forma en su vida.

Para el entrenador es importante tener otros deportistas a los que poder dedicarse y de entre los que quizá saldrán otros niños que llegaran a hacerse “tan especiales” como ellos.

Si el judoka en cuestión se ha metido en la dinámica de impartir clases, o de arbitrar, mantiene más tiempo la relación con el club, quizá no se entrena como antes pero tiene una relación quizá más por necesidad, por interés de mantenerse informado, que por su entrenamiento y vida de club.

Si la relación con el deportista, aun siendo buena, no es especialmente importante, se intuye que va a pasar, pasa y en el noventa por ciento de los casos, queda un poso de relación, de buen sabor de boca por ambas partes, de visitas esporádicas, amenazas con volver a ponerse el judogi…y las clases y la vida, siguen su camino…y primavera, verano, otoño, invierno, primavera… y es el profesor a pesar de todo y como siempre, el que sigue iniciando y completando ciclos…

01-01-09




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